jueves, 10 de septiembre de 2015

Después he jugado al balón
dejándolo rodar por la cuesta
y corriendo para pillarlo,
para que no llegara a
las casas de abajo.
Cuando me he cansado
he cogido un elástico
y he llamado a mis amigos
para saltarlo mientras cantábamos.
Al ratico, estábamos rodando por el suelo
porque uno de nosotros había nombrado
bombona de butano.
Y si no, escondidos en el callejón
para vigilar al que guardaba la botella
de cualquier posible patadón y que uno
buscara la estrategia de engañarlo
para salir corriendo y seguir jugando.
Las tardes de ramblizo,
de barro me han llenado
con sus ricas cerezas en la curva
y los naranjos a su paso.
Subir al santo y mirar más allá
creyendo verlo todo
O bajar al paso
para llenarnos de agua
y coger renacuajos
Las horas en la puerta de " las escuelas"
o en la cuesta de al lado
hasta incluso en las brujas
pero ahí ya casi ni jugamos
En cada recoveco hay un juego
un recuerdo
y me encanta caminarlos
y acordarme de todos ellos

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